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enero 16, 2012

Colmillos Salvajes, Capítulo Siete: Algo en que creer, algo que desear

Capitulo Siete
 Algo en que Creer, Algo que Desear



— Si es una historia tan larga, mejor empieza de una vez a contármela, tengo mucha curiosidad- dijo la loba, con un tono seco y cortante.

— Vaya pues, que tía mas impaciente, hay que ver como sois las inglesas…
— No soy inglesa, soy marroquí. —corrigió ella.

— Bueno querida, pues te diré que yo vengo desde Andalucía, en España… pero realmente nací en otro sitio, mucho tiempo atrás— dijo Luka, evocando con mucha paciencia y tranquilidad los momentos que quería relatar, pero al ver la cara de pocos amigos de la licántropa, decidió saltarse su historia personal— Bueno, un juramento me prohíbe hablarte sobre mí y los de mi raza, pero te contaré que hace milenios comenzó una guerra, mi pueblo es un mediador entre ambos bandos, pero ahora las cosas se están saliendo de control, el líder de uno de los bandos está tramando algo, y debemos proteger a los que creemos que serán el blanco de su ataque. Y entre ellos estas tú, Jane— terminó el joven, pero al ver en el rostro de jane la intención de seguir hablando, agregó—  Te suplico que no me hagas más preguntas, no puedo decirte nada más por ahora.

Jane, que había abierto la oca para seguir preguntando cosas, la cerró inmediatamente. Luego se acurrucó en la cama sin molestarse en cubrirse con las cobijas, solo quería pensar en todo aquello que estaba pasando. ¿Una guerra? ¿Qué tenía que ver con ella? Nada de eso sonaba lógico y menos parecía tener una respuesta, pero los ojos de Luka, tan expresivos, tan sinceros… no podían engañarla. Él decía la verdad, de eso no había duda, pero… bueno, las respuestas aparecerían en algún momento y cuando eso ocurriera, estaría cerca de Luka para aclararlas, o eso esperaba. Se volvió a sentar en la cama y lo miró largo rato, en un silencio que pareció no tener fin, pero que se extinguió cuando, por fin Jane habló.

— Muy bien Luka…
—Zweiltt
—ok. Luka Zweiltt, voy a confiar en ti, te permitiré protegerme— decidió la loba y el joven correspondió con una sonrisa— Pero — continuó ella aún más seria que antes— No te atrevas a engañarme, porque en ese omento desearas que nunca te hubiese volteado a ver, ¿entiendes?
— ¿Siempre eres así de violenta o es solo con los extranjeros?— dijo él acercándose grácilmente a la cama y sentándose cerca de la muchacha, ella simplemente sonrió y volvió a acurrucarse en la cama y, sin darse cuenta, caía en un dulce letargo mientras el andaluz le cubría con las mantas.



Al día siguiente el cielo amaneció gris,  las nubes cubrían completamente ese firmamento maravilloso que se admiraba desde la azotea de un edificio antiguo ubicado en el centro de Londres. Jane estaba sentada allí arriba, a la orilla del suelo, a un par de metros de la escalera de emergencia. Se acercaban las festividades navideñas. Soltó una leve sonrisa bañada de tristeza, recordando otra vez.  ¿Y como no hacerlo? La nieve que caería aquella tarde la hacía pensar en aquellas veces en que, con Evan, jugaba toda la noche, haciendo muñecos, lanzándose bolas de nieve y haciendo ángeles en el suelo… cazar cuando nevaba era tan sencillo…los restos congelados no se encontraban hasta los inicios del verano, y hasta ese entonces, la culpa la tenían los animales salvajes, así que él podían divertirse mucho más con sus víctimas y ella también por supuesto.

Recordaba perfectamente una ocasión en que ella se fugó de casa por algo así de 4 días y se fue con él a las montañas, al bosque, lejos del bullicio de Printown. El único que pareció notar la ausencia de Jane fue su hermano Zein, que la interrogó sin sacarle una sola palabra y a ella, por lo demás, lo que el pensara la tenia sin cuidado. En esos días ella y Evan habían jugado como si fuesen niños pequeños, cazaron y disfrutaron el uno del otro; aunque Jane no era muy buena socializando y en la facultad solo hablaba con 2 ó 3 chicas por cosas académicas, en esos momentos, con el gato… con el jaguar que era tan cariñoso, atento y preocupado por ella… era extraño, porque le gustaba estar con el en el ámbito intimo, ser solo ellos dos.

Ahora que estaba sola en Londres, admirando ese cielo que anunciaba una fuerte nevada quiso que su jaguar exótico estuviera allí con ella, para que hicieran figuritas en la nieve, que el ayudara a trepar arboles, que cazaran juntos… para que volviera a dormir con ella, en la misma casa y en la misma cama, porque aunque el cuerpo de Evan era demasiado frio debido a su condición de no vivo, a ella la hacia sentir tan cálida como si él lo fuese. En aquel momento deseó con todas sus fuerzas volver a ver a Evan, cruzarse otra vez con esos ojitos felinos y dorados, contemplar de nuevo su barba descuidada y su amplia sonrisa… deseo acurrucarse en su pecho y no salir de allí nunca más… en ese instante miró al cielo y  deseó creer en algo, para rogarle y suplicarle a eso que le devolviera a Evan.


Los días pasaron con velocidad. Luka ahora estaba dando clases de Historia del Arte en la facultad, así que Jane le veía siempre y pasaban ratos agradables conversando y, aunque a la loba no se le daba muy bien, para ella resultaba extrañamente sencillo hablar con el extraño Luka Zweiltt, el andaluz de ojos distintos y cabellos rojizos, de suave barba y piel morena… finalmente él se estaba ganando la confianza de la licántropa y estaban forjando una amistad sincera… aquel hombre se estaba convirtiendo poco a poco en el primer amigo de Jane, la primera persona que le estaba ayudando a confiar. Esa sensación le agradó, al punto de olvidar a ratos la soledad que la angustiaba.

El invierno avanzó cada vez con menos clemencia, trayendo fuertes nevadas y noches muy frías; a medida que se acercaban las navidades, circular por el centro londinense era cada vez peor, puesto que las calles estaban abarrotadas de gente que entraba y salía sin parar, comprando obsequios para seres queridos y no tan queridos. Una tarde, mientras venía de la facultad, vio en un escaparate algo que llamó su atención; brillaba sobre una almohadilla una sortija negra, cuyo valor excedía las diez mil Libras, pero que a gusto de Jane se habría visto muy bien en la mano de Evan, sin saber por qué, pero lo pensó. Pasó buen rato viéndola, evaluando la posibilidad de comprarla; cuando se decidió a entrar y pidió al vendedor que se la mostrara, solo sonrió enigmáticamente, pensando en el vampiro. En realidad la joya era preciosa; estaba hecho de acero pavonado negro, con una piedra ónix en el centro que se mimetizaba perfectamente con el resto del anillo y media un centímetro de largo… se demoró mucho en decidir… pero finalmente gastó gran parte de su capital para adquirirlo. Cuando llegó a su departamento, abrió el paquete que contenía la sortija y la contempló en silencio le iba bastante grande, puesto que sus dedos eran muy delgados, pero aun así decidió llevarla puesta, por lo que cogió una cadena y lo uso como colgante.

Ella no había hecho jamás un regalo de navidad. Su situación familiar nunca había dado espacio para eso y tampoco tenia amigos a quienes entregar presentes y por eso se extrañó mucho cuando Luka le preguntó qué haría la noche del 24 de diciembre.

—Supongo que tomar unas cuantas fotografías para la exposición de la próxima semana, mirar el cielo hasta que amanezca e irme a dormir por la mañana, lo que hago generalmente los sábados, ¿por qué?
— Vamos, debe de ser una broma ¿Qué pasa con la cena de navidad? Ya me parece extraño que ni siquiera pongáis en casa un árbol… ¿en serio no la festejas navidad?
—No, nunca lo he hecho… ¿Que puede tener de especial dar regalos porque todo el mundo lo hace?— preguntó ella, mirando con curiosidad a su profesor.
— Pero la gracia, Jane, es que tú solo le das obsequio a  esos que quieres mucho, lobita—contestó el andaluz, pero jane lo miró con una expresión de absoluta molestia.
— No me llames lobita, nunca más. — le dijo ella seriamente, levantándose de un salto de donde se hallaba sentada— cierra la puerta cuando te vayas, por favor— terminó de decir ella sin mirarlo a los ojos y dirigiéndose a su cuarto.

Lobita. Así la llamaba el jaguar exótico… ¿había llegado a quererlo tanto en tan poco tiempo? Solo fueron tres meses, quizá cuatro, se contraponía a todo lo que ella pensaba pero aun así Evan le hacía mucha falta… y lo quería de vuelta. Pensando en eso se quitó la ropa, se tiró en la cama y cayo en un sueño profundo, no siquiera se dio cuenta de que Luka entraba, la tapaba con las cobijas, cerraba la ventana y salía del departamento cerrando la puerta tras de sí. Pero mas entrada la noche, algo perturbó su sueño. Se despertó de golpe sin saber que buscaba, aunque luego de mirar a su alrededor no vio nada. No sabia que era, mas le resultaba extrañamente familiar, había en el aire un aroma salvaje y maderoso que la inquietaba y la atraía a la vez… se levanto rápidamente, tomó una camisa que le venía grande y comenzó a inspeccionar, cautelosa y sagaz, siguiendo a su instinto.

Miraba a su alrededor sin poder ver nada, pero había algo… algo que estaba cerca y la acechaba. El corazón de la loba comenzó a latir más de prisa, las manos le sudaban, estaba asustada y ansiosa a la vez… llegó a la puerta de entrada. Continuó mirando hacia ambos lados, pero seguía sin ver  nada, solo estaba presente en el ambiente ese aroma maderoso y un extraño sonido de pisadas que iban… y volvían. Jane se armó de valor, puso la mano en el pomo de la puerta, tomo aire y luego abrió.

Frente a ella, ante la puerta, estaba de pie un joven alto de ojos negros profundos e intensos, piel clara enmarcada por fino cabello negro, que al verla esbozo una sonrisa malévola escondida tras una barba descuidada. Ella se quedó sin aliento al verlo allí, de pie, mirándola con esos ojos de cazador que estaban comenzando a cambiar de color… a dorado.

¿Qué haces aquí Evan?—Preguntó ella, cuando por fin recobró el aliento
—Es obvio ¿No? —Dijo él, mirándola fijamente con seriedad, pero a la vez con una nota de alegría en el rostro— He venido por ti.
—Yo no iré a ninguna parte, Evan— dijo jane intentando mantenerse serena y ocultar las lágrimas.
—No quiero que vengas conmigo, yo vengo a quedarme contigo, lobita.


octubre 06, 2011

Colmillos Salvajes, Capítulo Seis:Nuevos Encuentros, Nuevas Expectativas


Capítulo Seis
Nuevos Encuentros, Nuevas Expectativas


Mis manos se aferraban con fuerza a los barrotes de la cama, mientras que sentía correr por mis venas el calor que emanaba aquel cuerpo sobre el mío, la intensidad de su pasión y la fuerza con la que me entregaba el más infinito placer. Evan se desplomo en mi pecho al acabar, no exhausto, sino que complacido, me miro a los ojos y me beso en los labios, un beso tierno y dulce, como los que se dan cuando acabas de hacer el amor. .. Él abrió los ojos y pude verme reflejada en ellos, mientras es decía en un murmullo… te quiero.

Desperté de golpe con la alarma del despertado. 7:35, debía irme a clases, luego al estudio, luego a la cafetería… vivir la rutina en la que se había convertido mi vida al llegar a Londres. No es que me molestara, todo lo contrario, estaba siendo  muy feliz viviendo en ese noveno piso, el último de un antiguo edifico ubicado en una calle algo alejada del centro, estaba feliz de estar estudiando en esa prestigiosa escuela de arte, feliz de creer que mi futuro me deparaba estabilidad... pero algo me faltaba, y aunque quería negarme, sabía perfectamente que eso que me faltaba era Evan. El vampirito se había quedado en Princetown, en realidad yo lo había dejado allí, le pedí que no me siguiera, pensé que era lo mejor. La verdad es que  tuve tanto miedo de darme cuenta de que me había encariñado con él que a la primera oportunidad lo deje. Sabía que tarde o temprano debería acostumbrarme a su ausencia, que no volveríamos a vernos, ni a hacer el amor y, lo que más extrañaba, no volvería a despertar en sus brazos, envuelta en ese suave perfume que emanaba de su cuerpo.

Buscando en mi interior un poco de resignación ante esos hechos, me levanté, me di una ducha y me fui a la facultad. Hacia dos semanas que estaba en Londres, pero ya me ubicaba perfectamente, supongo que era mi instinto animal, menos mal, porque sin ese instinto me hubiese sido imposible conseguir aquel empleo de sueldo casi decente en esa cafetería al otro lado de la ciudad, lejos de la facultad, del estudio… y aun así logaba llegar a tiempo a todos lados solo porque corría lo más rápido que podía. Mas ese día fue distinto. Corrí desenfrenadamente hacia la facultad, pues estaba atrasada e ignoré que mi cabeza daba vueltas y que mi estómago se apretaba… un sudor frío humedecía mi rostro, pecho y espalda, me di cuenta de que algo andaba mal y no me importó, seguí corriendo hacia a la facultad y las  imágenes borrosas de las personas que pasaban a mi alrededor me mareaban… me sentía aturdida, corriendo por inercia, sin importar nada, sentí como perdía toda la fuerza, como me precipitaba hacia el piso sin siquiera poner las manos para frenar la caída... para cuando llegue al suelo me encontraba en una especie de trance, no sabía si estaba despierta o no, solo sabía que estaba tirada en el suelo y que me había golpeado la cabeza. Me encontraba débil, puesto que hacía varios días que no iba de cacería, era simplemente que no quería verme en la obligación de asesinar a nadie más, no quería volver a tener la oportunidad de engañar a mis sentimientos yendo a la cama con cualquier tipo que acabaría matando solo por comer su carne (¡Que para eso está el supermercado!) aunque la carne humana es mucho más deliciosa y me hacía sentir mucho más fuerte… En Princetown no tenía ese problema, me iba de cacería con Evan, y generalmente asesinábamos ladrones, violadores o asesinos… esos que nadie extrañaría en el mundo. Debí pensar todo eso en algo así como cuatro segundos, porque luego pude oír una extraña voz.

— Señorita, disculpe, señorita ¿Se encuentra usted bien? ¿Puede oírme? — tenía la voz grave y un acento distinto, cuando abrí los ojos y vi su rostro me di cuenta de que era extranjero, ¡pero que extranjero! No me di cuenta de su estatura, pues yo estaba tirada en el suelo y él estaba a mi lado, con una botella de agua en una mano y un periódico en la otra. Su piel era trigueña, el cabello castaño claro le llegaba hasta los hombros, con mechones rojizos que caían en delicadas ondas sobre el rostro ovalado, una frente amplia y con una quijada pronunciada; llevaba una barba casual que dejaba ver unos labios finos con gran tendencia a sonreír, nariz aguileña y unos ojos preciosamente extraños; el izquierdo era de un azul zafiro magnífico, pero el derecho era gris, un gris perlado que brillaba bajo el sol.
— Emm, sí, si muchas gracias estoy bien— dije rápidamente intentando ponerme de pie, sin embargo, perdí nuevamente el equilibrio, pero el tipo me sujeto del brazo para que no me golpeara.

— Creo que no está del todo bien, tenga, beba un poco de agua — dijo acercándome la botella abierta. La recibí y bebí un pequeño sorbo que me quemó la garganta por la falta de sangre y carne. Aguante el dolor y le devolví la botella al individuo de ojos extraños y acento extranjero.

— No se preocupe estoy bien, muchas gracias — dije intentando sonar amable
— ¿Está segura? ¿No debería ir a ver un médico?
— No, en verdad no es necesario, además ya voy muy tarde — conteste pensando que debía ir a cazar y a la facultad.
— Si gusta puedo llevarla ¿a dónde se dirige?
— no se preocupe, puedo ir a pie, gracias— conteste ya casi fuera de mis casillas. El sujeto era demasiado insistente para mi gusto.
Entonces me acerco con fuerza a ´le para quedar cerca de mi oído
—Anda Jane, deja hacerlo difícil, sé que necesitas cazar, el agua te ha dejado la garganta ardiendo. Ahora cálmate y ven conmigo ¿Vale? — dijo en un susurro ante mi expresión de asombro, extrañeza y también miedo.
— ¿Quién demonios eres tú? ¿Y qué rayos quieres conmigo?

— ¡Venga! Que no es el mejor momento para dar explicaciones, además te encuentras muy débil y eso es peligroso, ven, muévete.
— ¡Nada de muévete! Quien rayos te crees, dime quién demonios eres o no iré a ninguna parte
— Jane, por favor, ¿crees que me costara gran trabajo llevarte conmigo con lo débil que estas? Que si no te tuviese sujeta de un brazo te habrías caído al suelo. Pero está bien, por esto de las formalidades…Soy Luka, me han ordenado protegerte. Vengo desde Andalucía, por si te interesa. Ahora ya vayámonos. 

Yo guarde silencio, entre sorprendida, enojada, confundida y asustada, pero tampoco pude hacer nada, puesto que perdí el conocimiento tras dar los primeros cinco pasos.

Cuando desperté ya había anochecido y Luka, el de los ojos distintos, estaba durmiendo sentado en la silla frente a la cama, muy derecho. En la mesa de noche había un vaso lleno de una sangre espesa, de un tono rojo oscuro. Sin siquiera dudarlo lo bebí todo, y sentí como mi cuerpo se fortalecía con eso… me hacía falta. Luego, me senté en la cama abrazando mis rodillas, esperando a que el tal Luka despertara  de su sueño profundo y contestara mis preguntas.

De pronto abrió los ojos y me miró fijo.
— Anda lobita, que no soy un enemigo,  no te voy a lastimar...—dijo el con su acento extraño y voz grave en un tono calmado y sensual — Deja ya de mirarme como si quisieras asesinarme
— Dime Luka… ¿Quién eres tú y porqué dices que vienes a protegerme? — pregunte mirándole a los ojos… esos ojos extraños… llamativos, de los que, inevitablemente, no podía desconfiar.

Él bufó ante mi terquedad, me sonrió y contestó
— Es una larga historia.
                                                                                                                                                            Continuará...